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Mi Perfil
Manuel Mario Sarmiento
Rosario - Argentina
Mis primeros "aportes" a la escritura fueron poemas gauchescos, desarrollados quizás,bajo la inspiradora influencia de Don José Hernández y su "Martín Fierro".
Más tarde llegarían los cuentos y los microrelatos, que fueron surgiendo, y lo siguen haciendo, durante mi aprendizaje en el arte de la pluma.Ojalá sean de vuestro agrado aquéllas obras de mi autoría, que compartamos de aquí en más, en este blog.
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Últimos comentarios de este Blog

13/03/11 | 08:20: MONINA dice:
Hola, te felicito por todo lo que expusiste, todo me gustó mucho, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, mi intención es solo de amistad y de contar en mi grupo con escritores argentinos, puedes promocionarte exponiendo tus poesías o escritos o tus sentimientos o tus sueños, te elegí porque me encantó como te definiste en tu perfil, además porque me gusta que haya poetas quiero contar con algún poeta argentino y vos podrías serlo, dale te animás? En nuestro grupo hay de varias edades pero todos con un corazón tierno, sensible, y jovial, podrías aportar cosas muy lindas e interesantes, en poesías, cuentos o lo que desees! Yo no escribo pero me gusta leer poesías, reflexiones, frases, cuentos, relatos, textos breves, de todo un poco, por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustán conocernos, también pueden decirle a alguien de sus conocidos o amigos, si quieren ser nuestros amigos y al igual que a ustedes si quieren mandarnos algo sobre:"La Amistad" "Las fotos","El Verano","El mar" "La playa","Los barcos","Las Sirenas","En el fondo del mar" "Los Amigos","El amor","La primera cita","Encuentros","Estar enamorada/o","Conociéndonos","La primera vez","Los Carnavales" "Las Hadas y los duendes","Los disfraces","Las caretas","Volver a empezar","A trabajar!","El primer día de clases","La Mujer","La mano solidaria","Dar y recibir","Nunca más","La verdad","No me olvidaré" "Los recuerdos","Te acordás?","El Otoño" o todo lo que quieras que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apuestan a la Amistad y aceptan comprometerse con ella, te invito a vos y a tus contactos, conocidos o amigos a que transiten nuestro camino de la Amistad con nosotros a cambio les ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos virtualmente y quizás algún día en persona para darte la bienvenida, y no importa que seas de lejos, sos de Argentina y eso me basta! Me encanta valorar a nuestros poetas argentinos y tal vez algún día quién sabe las vueltas de la vida nos conocemos! Todo puede suceder ya nos encontramos con gente de Jujuy, de Comodoro Rivadavia, así por qué no con vos? Todo puede ser posible, la esperanza no hay que perderla!Para nosotros no existen fronteras ni distancias, ni obstáculos cuando existe entre dos personas las ganas de querer, de apostar y comprometerse con la Amistad y en ser buenos amigos!Soy de Temperley, Bs.As, Argentina, Psicopedagoga, Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar
03/01/10 | 23:21: Rolando dice:
Impresionante, Manuel... "Minutos antes", Muy buen ritmo, suscinto, preciso...Tremendo.Felicitaciones Te invito a leer en "lapacienteimpaciente" algunas de mis producciones, y comentarlas si te place. Cordial saludo.R.M
27/07/09 | 10:04: FipKyTFgzyh dice:
Derrick Ashong!, SEX ZOO
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SECUESTRADA



SECUESTRADA

 

 

Duerme. Sueña. Se ve trabajando en el living de su chalet de Avenida España, con su eterna amiga, la Singer a pedal. De a ratos, custodia con su mirada la actividad en la plaza Colón. Una parejita de enamorados en un banco, cerca del mástil; cuatro chicos jugando a la pelota, usando sus mochilas como postes de arcos imaginarios, y un camión regador cargando agua desde el tanque central. Imprevistamente, un auto frena con violencia llamando su atención, tres hombres descienden y corren hacia su casa, rompen la puerta a patadas y entran.

Se despertó agitada y confundida. El sonido persistente y penetrante de una sirena, machacaba su cabeza. Buscó los lentes sobre la mesita de luz, y al colocárselos, se sobresaltó. Al recorrer la habitación con la mirada, no lograba reconocerla. Las paredes tenían un empapelado color té con leche, con finos detalles azulados. Enfrente de la cama colgaba un gran espejo que expandía notablemente las dimensiones del lugar. Al lado del espejo, una puerta cerrada. A la derecha de la cama, una silla, y sobre ésta, un vestido que le resultó familiar; más allá, una puerta entreabierta, y la luz prendida del otro lado. “Debe ser un baño”, se dijo. En la pared de la izquierda, una ventana con gruesas cortinas que dificultaban la entrada de claridad. Bajó de la cama por ese lado, dirigiéndose hacia la ventana. Casi ni respiraba. Mientras caminaba lentamente los pocos pasos que la separaban de su objetivo, vigilaba con recelo la puerta de al lado del espejo. Llegó hasta la ventana, corrió las cortinas. Detrás del vidrio, rejas. Se asomó. Se hallaba en un segundo o tercer piso. Miró con sorpresa el panorama que se ofrecía ante sus ojos: grandes edificios, un imponente monumento alzándose delante de un fondo con mucha vegetación, numerosos autos circulando por la calle, mucho ruido. Su cabeza era un mar de incógnitas. ¿Cómo había llegado a ese lugar? ¿Quién, o quiénes, la trajeron sin su consentimiento? ¿Estaba secuestrada? Cerró los ojos unos segundos. Lo último que recordaba era un pinchazo en su brazo izquierdo, se miró, aún se advertía la marca de la aguja. ¿Para qué secuestrar a una costurera? No le encontraba sentido a esta situación, pero evidentemente las intenciones de quienes allí la encerraron no eran nada buenas. Debía encontrar la forma de salir y buscar ayuda. Tenía que huir.

Fue hacia la puerta, frente  a la cama. Tocó con sus manos temblorosas el picaporte. Sintió una alegría inconmensurable al comprobar que estaba sin llave. Se cambió tan rápido como pudo y salió de la habitación. Afortunadamente, en el corredor no había nadie, y las otras puertas que vio estaban cerradas. Buscó las escaleras. Bajó con lentitud, escuchando con cuidado cada ruido, cada paso. Llegó a la planta baja y se ocultó detrás de una gran columna. Observó desde allí lo que parecía ser la mesa de entradas. En ese momento había  dos hombres que hablaban con el recepcionista; el más joven llenó unos formularios, y después el empleado los acompañó hacia adentro. “Me tenían encerrada en la habitación de un hotel”, pensó.  No había nadie más en el vestíbulo. Era el momento oportuno para ganar la calle y escapar de aquél lugar. Pronto advertirían su ausencia y comenzarían a buscarla; tenía que apresurarse. Llegó hasta la puerta de vidrio, salió y  se alejó sin mirar hacia atrás.

Ya anochecía, había refrescado, serían las siete, siete y media de la tarde; en unos pocos minutos se había alejado varias cuadras del lugar. Caminaba sin saber adónde ir, no conocía a nadie, desconfiaba de todos. Comenzó a prestar atención al paisaje. De un lado de una ancha calle minada de adoquines, se erguían centenarias mansiones señoriales, de variados estilos, que contrastaban con los edificios, muy altos y modernos, que comenzaban a iluminarse. Sólo logró marearse, cuando, parada enfrente de una de estas torres, trató de contar los pisos.  Tres adolescentes le pidieron dinero de mala manera, la insultaron y se rieron. Tuvo miedo, en realidad el miedo no la había abandonado desde que despertó en el hotel. Corrió, y cruzó la calle sin tener el menor cuidado; se perdió del otro lado. Por donde caminaba ahora, había mucho verde, parecía ser un gran parque con muchos árboles y de diversos tipos; más al fondo se divisaba el curso de un río de agua marrón. No sabía exactamente que día era, pero por la cantidad de gente que paseaba por allí, tenía que ser sábado o domingo. Miraba con desconfianza, y cubriéndose parcialmente la cara, a los que por allí pasaban. No se animaba a pedirles ayuda. ¿Y si eran conocidos, o peor que eso, si eran integrantes de la banda que la había secuestrado? No. Debía tomar reparos en su accionar; seguramente la estarían buscando por toda la zona. Estaba muy cansada, sus piernas le dolían. Encontró un banco vacío entre la muchedumbre, y se dejó caer. Estaba al límite de sus fuerzas, abatida, sola, muy sola, en una ciudad desconocida que transitaba por primera vez, sintiéndose acechada a cada paso. No quiso resignarse. No lloró. “Tengo que encontrar a alguien que me pueda ayudar”, se dijo.

 Se levantó del  banco decidida y caminó otra vez. Pasó muy rápido, sin prestar demasiada atención, por un lugar que era como un gran foso con tribunas repletas de gente bailando al compás de la música de un grupo de rock, que actuaba en el escenario montado abajo, en la base de las gradas. Siguió. Más adelante se asombró con una edificación imponente, de forma esférica, muy iluminada, y que se parecía a un platillo volador. Miraba hacia todos lados  pero no encontraba en quién confiar. Ya extenuada, con mucha sed, hambre, dudas y temores, tuvo la intención de sentarse en el césped y darse por vencida, pero fue en ese preciso instante, que vio lo que parecía ser un destacamento policial. Se acercó, ansiosa. Enfrente del edificio había dos patrulleros estacionados, encima de la puerta de ingreso colgaba un escudo. Se dio ánimo. Entró.

Un oficial, que estaba detrás del mostrador, la recibió con una sonrisa, al tiempo que indagaba por la razón de su visita al lugar. Ella lo miró. Su rostro no le pareció del todo extraño. Le contó sus padeceres, mientras trataba de recordar de dónde lo conocía.

 —Cálmese, no tema, tome asiento, yo me ocupo. —le dijo el policía después de escucharla, y se dirigió hacia un teléfono apoyado sobre un escritorio algo alejado de donde quedó la anciana. Digitó un número ya memorizado. Habló:

—Benavídez. Sí, el Oficial Benavídez, ¿la vieja se les escapó otra vez? Deberían ser más cuidadosos. Sí, está acá. Vengan a buscarla.

Colgó. Fue hasta donde estaba la mujer y, apoyando la mano en uno de sus hombros, le dijo que aguardara un momento.

A los quince minutos estacionó una ambulancia delante de la comisaría. La anciana vio como ingresaban dos personas vestidas de color blanco y se dirigían hacia ella. Una de éstas era una enfermera, cuyos rasgos también le resultaron conocidos, y que le habló amistosamente:

—Hola Sara, hace horas que te buscamos; en el Instituto están todos muy preocupados por vos; vamos, tenés que descansar, mañana vienen a visitarte tus hijos de Venado Tuerto; vamos querida, ya está todo bien.

Antes de salir se despidieron del Oficial Benavídez, quien los siguió con la mirada hasta que subieron a la ambulancia, con la que llevarían a Sara de regreso, al Instituto Residencial Para Mayores Trinidad, especializado en Psiquiatría.

       

 

 Manuel Sarmiento

 

 

 

 

 

 

 

 

                 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
02/09/08 | 14:59: gustavo dice:
Querido Manuel, una triste historia urbana, pero muy bien narrada , firme segura, y con una visión humanista, he padecido eso con alguno de mis abuelos, es muy triste llegar a viejo y sentirte tan solo, creo que muchos se olvidan de una forma lacerante de sus progenitores, gracias por compartir esta historia con tus amigos, un abrazo hasta siempre Manuel,,,,, Gustavo......
gustavowehrly@hotmail.com
 
02/09/08 | 09:32: eva dice:
Hola rosarino!no tengo dudas que sos un ser especial, un hombre que llega a captar el universo de una anciana con demencia senil, que tan bien lo describe en sensaciones y sentimientos, y que sabe llevar al lector por calles y lugares observando todo con los ojos de ella, excelente!!! dos veces excelente!!! seguí escribiendo que te sigo leyendo!!
eva_mujerdescalza@hotmail.com
 
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